Cuentos de hadas y princesas, esos que de pequeña solías leer, esos en los que siempre llegaba un príncipe azul que aportaba toda la felicidad del mundo a aquella pobre desdichada. "Cenicienta" era uno de mis cuentos preferidos, quizás porque ella luchaba por conseguir su propia felicidad, aunque al final, como en todos, el príncipe la rescataba de la pobreza, tal vez ella se hubiera podido rescatar a sí misma...
Algunas personas viven pensando que algún día llegará ese príncipe azul, ese hombre o mujer, por qué no, perfecto/a. Con el paso de los años, descubres que la perfección no existe y aunque a veces cueste aceptarlo, todos cometemos errores. Somos seres imperfectos y eso es exactamente lo que nos hace especiales, lo que nos hace únicos/as.
Quizás el amor no es como en los cuentos infantiles que solíamos leer o como en las canciones que escuchábamos y escuchamos constantemente, pero es una de las emociones más maravillosas y cuando surge, hay que dejarla fluír, sentirla, vivirla... aunque eso no signifique que sea para siempre ni que te salve de ninguna desgracia.
El amor, en su más pura esencia, se da y se recibe a cambio de nada, sin ningún interés, sin ninguna necesidad, simplemente se siente y ya está.
El amor, en su más pura esencia, se da y se recibe a cambio de nada, sin ningún interés, sin ninguna necesidad, simplemente se siente y ya está.

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